) LO QUE SUENA (
) WHAT SOUNDS (
) ALLÒ QUE SONA (

Ropa tendida de Abrán en la Civitella Ranieri. Mayo 2007. Cortesía de Luz María Bedoya

29.03.23 

Las ruedas de lo que podría ser una carretilla corriendo sobre la pista, 3 bocinas cortitas ligeras de un panadero de la tarde, varias bocinas largas, graves, insistentes llegan de más lejos; es el tráfico de las 6 pm. Un heladero se está acercando, sopla su trompeta, las voces de un hombre y el panadero ahora negocian el pago de la deuda de la semana. Ladra un perro, un skater revela las líneas irregulares de la vereda en un solo largo que llega de a pocos, y de a pocos se va. Sí, hay pájaros, pero sus trinos se entreveran con el rumor colectivo y se pierden en él. Una sirena que podría ser bien de una ambulancia o bien de un auto policía; si son extremos opuestos ¿por qué suenan tan parecido? Alguien pide su bicicleta. Pasa una moto, debe ser pequeña. Cierran la puerta principal del edificio, siempre retumba algo. Arranca un auto, calienta el motor un rato, debe estar saliendo humo de su tubo de escape. Pasa otra moto, luego otro auto a cierta velocidad. Me parece que el contacto de las llantas sobre el asfalto se parece al sonido del mar cuando llega a la orilla, como un raspón extendido. Aparatos de teléfono en algunos departamentos cercanos han timbrado varias veces, todos distintos. Alguien golpea una ventana como si fuese una puerta, la ventana vibra, el sonido de tocar una ventana como si fuese una puerta es inquietante, no sé por qué, quizás sea porque ese acto incluye también la mirada a través del vidrio. Unas mujeres hablan, no entiendo lo que dicen y lo que sea que digan llega como cantos. Otra vez cerraron la puerta del edificio, siempre retumba. Una mujer llama a Mónica, le dice Mónica, espérate. Un ciclista lleva consigo un parlante desde donde se escucha una salsa, un manojo de llaves colgando del cuerpo de alguien que camina y un pitido agudo sostenido que no logro identificar. Estoy en Lima, querido Abrán. Creo que no te diré en qué barrio, al menos no esta vez, no hagamos todavía un mapa con puntos fijos sino un paseo general. 

][

15.04.23

No sé si es la fiebre que me invade, mientras imagino —querida Luzma— que la campana del camión que recoge la basura inunda mi cráneo (por encima de ‘SONidos de la Huasteca’, el programa que escucho todas las mañanas en Radio Educación mientras camino hacia mi lugar de trabajo, a diez minutos de mi casa, y luego de vuelta para ir a almorzar a las 13:50... esta vez se reproduce un viejo huapango, grabado en 1935, en el que el cantante presumía, lujosa y orgullosamente, un falsete que el locutor ensalza unas tres veces, pues lo hacía en más de dos sílabas seguidas. Se trata del cuarteto Los Chinacos, con ‘El Viejo’ Elpidio Ramírez, en el violín, Roque Castillo en la quinta huapanguera, y Nicandro Castillo y Pedro Galindo en las guitarras sextas), y mientras repica en mi ósea choya su metálico tantán, escucho con el muslo la vibración del teléfono celular que llevo en mi bolsillo izquierdo, antes de que suene el gruñido de Chewbacca que anuncia las llamadas que recibo. En el morral, que casi siempre llevo cruzado al pecho y a la espalda, se sacuden las llaves de mi casa, junto con las del estudio, en dos llaveros distintos, para no hacerme bolas, junto con muchos papelitos, que dan fe de mis actividades cotidianas: el ticket del banco, el recibo de la farmacia, la receta del médico, la lista de las compras, la invitación para una exposición, volantes y otros panfletos que de mano en mano recibo de repartidores en la calle, y que luego serán pintados por el reverso de acuerdo a una gama de treinta y cuatro tonos.

De la mano del fervor viral que me habita, otras percepciones sensoriales enfatizan lo que escucho, como la sensación de mi pisada sobre la banqueta, del crujir fritanguero de la quesadilla en el aceite del comal que arde sobre el anafre, afuera del supermercado rodeado de menesterosos, junto al puesto de empanadas, frente al de los tacos de guisado, junto a la panadería, al lado de los tacos y los jugos y cocteles de frutas, coronados con enormes copetes de crema batida en aerosol... un hissssssssssssssssssssss discreto anuncia un topping de granola. También se exacerban los colores y los olores de las personas. Contesto el teléfono sin ver quién llama, y una voz bien conocida, que siento que escuché el día anterior, tal vez sea de nuevo un efecto febril, cuando en realidad han pasado años, que me dice: ‘¡Abrán!’. Eres tú, Luzma...

20.04.23

Mi querido Abrán, este lugar suena muy distinto por la mañana y por la tarde. Estoy en la zona trasera del edificio, junto a un muro de vidrio por donde se cuela, entre las 6 y las 8 am, el sol en el verano. El techo es semidescubierto y desde ahí llega lo que hay detrás. Adentro, el tablero rojo de la mesa sobre la que escribo suelta un ruido seco cuando pongo la taza, sus patas rechinan contra el piso de cemento. El cojín tieso, cuadrado, demasiado alto, forrado de plástico que cubre el asiento de la silla, sopla mientras me acomodo.

Sonidos que no consigo relacionar con ninguna fuente vienen desde afuera. Algo como bolsas plásticas, o brasas quemándose, o láminas metálicas tiemblan en repeticiones circulares. Al fondo, un taladro sostenido muy agudo se enciende y se apaga una y otra vez; anuncia que empezó el horario de trabajo para los obreros de construcción. Ruidos de platos y cubiertos salen como peces voladores de una ventana; más cerca está la voz de un bebé, no son gritos ni es llanto, son balbuceos entrecortados, cosquillas. El claxon de la 73 insiste con violencia en 4 pitadas muy largas, asumo que está atrapado en el tráfico de la curva del parque. Lo que regresa cada tanto es ese objeto que fricciona en círculos. Se escucha orgánico, es probable que una mano lo esté activando, frota algo. Y un zumbido llega de muy lejos, contiene y está en la base de todo: es compacto, como la letra M amplificada, es un tubo, un túnel volteado hacia afuera.

Uno de mis hijos despierta, no sabe que estoy acá, en esta mesa, escribiéndote y lo escucho a unos metros tocar su guitarra. Ese sonido rasgado tiene al menos dos formas de ser; uno suena directamente hacia afuera y está solo atado a las cuerdas, el otro ingresa por la boca de la guitarra y desde allí vuelve a salir con un breve retardo, acuerpado, robusto. El segundo envuelve al primero. El primero moviliza al segundo. Blas se detiene. Dice no sale, dice más palabras o quizás canturrea entre quejidos y murmullos estirados en trance, que uno diría placenteros. Pasa de rasgar las cuerdas con sus dedos a golpear la caja de la guitarra y comienza a cantar en tono de pregunta. Pulsa la madera con golpes ya más intensos, se monta sobre el zumbido lejano con forma de tubo, ahora está freestyleando.

“...pero ¿qué es lo propio de la ausencia del preseenteeeee?
y ya, ...decido ser naa... decido ser naaa... ”

][

24.04.23

Muy querida Luzma

Combinado con el chic chac de la navaja que sale y entra en el riel de exacto, del rasgueo de la cinta adhesiva y del cartón del que se desempacan vaciado de yeso con capas de cera que encapsula zarzamoras, tubitos, cables, alambres y monedas de cobre, suena esto.

Abrazos,

ac

30.04.23

Arrastran las sillas. Un avión sopla su línea en el cielo. Perro negro ladra tres veces. “Víctor Mendoza” sale de un teléfono celular. Salta la tolva de una camioneta. Un carrito de basura rueda las llantas de jebe. Detrás del muro, carcajadas. Suena una campana, luego un silbato. Voz de una mujer desde un altoparlante. Aplausos. Viento entre las hojas del molle. Aplausos. Un salto en zapatillas. Vengo caminando por la calle del Colegio Parroquial Santa Rosa, querido Abrán, en este mediodía de un verano que no acaba.

¿Cristina? ¿Elvira? ¿Rosita? ¿Mercedes? ¿Ana?
Chicas... mantengan el orden... ¿Joanna? ¡Joaannaaa!...
Ya ustedes saben. Estás a prueba esta semana...
... y la próxima semana...
¿Dónde está...? ¿Joanna?
¡...Shhhhhhh...! ... Falta el escudo. ¡Diiaaaanaaaa!

Maestro, dele un poquito pal’ante.
Va a salir ya, retroceda nomáaa...

Maaari, está llegando tu papá. Alexaaa...
Ya vino tu papá.

¡No juegues en la pista!
NAAAAAAHHHH HHHHHHIIIII...
¡Señor Diego!

Muuuy biennn, la número 1, la número 2...
Puntuales mañana. Y traigan más agua.
AAAAAAIIIIIIIIIIIII YYYEEEEEAAAAA UNAAAAAA YAYAAAAAA...

Sí, la Vicky estudiosa es. Hace rato la estoy llamando.

¡Atención Marcia!

¿Ahí esta la llave?
¿Herminia, ahí está la llave?

Fotocopien de la página 12 a la 29, blanco y negro, para qué más
¡Paco! ¡Mañana acá ah!
Qué necesidad... poner la foto de las autoridades...

¿Entendieron?
Estás dejando regados los papeles.

¿Y tú, por qué tienes ese polo?

¡No cruces sin mirar, Mari!

Mínimo 3 Marcianos de 3 sabores, señora:
fresa, lúcuma y maracuyá.

][

03.05.23

Tintineando su triquitraque, refunfuña su chaca chaca, embobina la sirena de la pipa de los tragafuego.

Trinan gozosos los cotorritos allá afuerita, y acá nos masticamos todo el día el pitido intolerable de la Genie subibaja, ayudándonos a cambiar nuestra percepción del espacio, quitando y poniendo, moviendo, cambiando de lugar los spots, los washes y los flows.

Rumiando mi stress pongo otra vez —sin escuchar las frecuentes quejas y las críticas a mi maniática reincidencia— una playlist de Los Lobos, en la que se arrejuntan las arpas jarochas, las vihuelas, la tejana y el rocanrolito cincuentero.

Una abeja em zumba al oído, “la Fuerza Aérea”, dijo Raúl, en la temporada en que vacíabamos yeso, y cuando fraguaba le machacábamos y exprimíamos zarzamoras frescas, y encapsulábamos chingaderitas en una capa extra de cera y parafinas derretidas, al son de las velocidades que demanda cada material, cada objeto, y sus diálogos, sus sonidos, sus murmullos, como este, querida Luzma...

03.05.23

Abrán de Ajusco, lugar donde florece el agua, estarás arremolinando tus wachuwuros en el espacio de allá. Qui tapón pon pon pon. Acá, yo quiebro la cáscara de unos huevos de gallinas libres con la yema bien amarillita para chorrearla en la mantequilla encebollada que ya cruje. Comeré poco y despacio. De ahí puro paquete rechinando en bolsas reciclables serán sorbidas por la mochila y entonces partir, en unas horas, al nevado. Bocinearemos rumbo norte para girar quemando caucho hacia la Sierra. De Churín en adelante solo habrá sacudida en la trocha. Llegando a los 5,000 metros sobre el nivel del mar el hielo se derrite y pasaremos por al menos 7 lagunas glaciares: Rumbro, Punhuaycocha, Rupahuay, Chaucas, Chuspi, Gayco y Mallay. Registraré lo blanco. El goteo también.

Te abrazo. Lo mejor para ti por allá.

08.05.23

Ian Campbell canta “Poor old horse”, una tonadilla de marineros (¿será acerca de hipocampos?), luego de “Na Ceannabháin Bhana”, que acabé bailando mientras el crujido del parquet me recuerda que sigo algunos kilos arriba de lo que debería, pero igual ya anhelo el pssshhhhht de la chapita de la cerveza despegándose de la botella, antes del tris que hace sobre el piso de terrazo, y ni qué decir del clin del brindis de rigor…

Mientras amontono mis sílabas con sus espacios y sus silencios, suena “Down is up” de Moondog, el Vikingo de la 6a Avenida, y casi al instante llega el DJ a contarme con gesticulaciones y exabruptos sonoros, que metió un autogol en su clase de fut, y a leerme su tarea, en un francés que sigo encontrando demasiado parisino, pensamiento que ni tan en el fondo esconde mi auténtica incapacidad fonética, y mi primigenia capacidad de aprender a estas alturas de la vida, y mi increíble habilidad para desaprender.

Una onomatopeya, “Bam Bam”, es el título de la sincopada melodía de Sister Nancy, cuya voz aterciopelada, de nuevo me lleva a torturar las lloronas maderas del piso de mi casa.

Finalmente, intentando canturrear la canción del principio, busco la letra tecleando- mi-teclado como si fuera el de la máquina de escribir, con la que aprendí a “escribir a máquina”, dándole duro, percutiendo, más que otra cosa, al ritmo de la canción , que me hace tirar una carcajada sonora, no sólo por su contenido desvalagado y cínico, sino por mi pronunciación estúpidamente torpe y sin gracia, y por mi abulia displicente al no poner atención al relato implícito :

“Poor Old Horse”
Ian Campbell

I say, “Old man, your horse is dead.”
And we say so, And we know so.
I say, “Old man, your horse is dead.” O, poor old man.
One month a rotten live we’ve led
While you lay on y’er feather bed
But now the month is up, ol’ turk
get up, ye swine, and look for work
get up, ye swine, and look for graft
while we lays on an’ yanks ye aft
An’ yanks ye aft t’ th’ cabin door
and hopes we’ll never see ye more

Esperando sinceramente verte de nuevo algún día, te dejo un abrazo,

ac

Abran's clothes hanging in the Civitella Ranieri. May 2007. Courtesy of Luz María Bedoya

29.03.23 

The wheels of what could be a wheelbarrow running on the track, 3 short slight horns of an afternoon baker, several long, low, insistent horns come from further away; it's 6 pm traffic. An ice-cream man is approaching, blowing his trumpet, the voices of a man and the baker now are negotiating the payment of the week's debt. A dog barks, a skateboarder reveals the jagged lines of the pavement in a long solo that arrives slowly, and slowly leaves. Yes, there are birds, but their trills intermingle with the collective murmur and get lost in it. A siren that could be either an ambulance or a police car; if they are opposite extremes, why do they sound so similar? Someone asks for his bike. A motorbike passes, it must be a small one. They close the front door of the building, something always rumbles. A car starts up, warms up the engine for a while, smoke must be coming out of its exhaust pipe. Another motorbike passes, then another car at a certain speed. It seems to me that the contact of the tyres on the asphalt resembles the sound of the sea when it reaches the shore, like an extended scrape. Telephone sets in some nearby flats have rung several times, all different. Someone knocks on a window as if it were a door, the window vibrates, the sound of knocking on a window as if it were a door is unsettling, I don't know why, maybe it's because that act also includes looking through the glass. Some women talk, I don't understand what they say and whatever they say comes out as chants. Once again they close the door of the building, it always rattles. A woman calls Monica, she says Monica, wait. A cyclist carries a loudspeaker from which a salsa can be heard, a bunch of keys hanging from the body of someone walking and a sustained high-pitched whistle that I can't identify. I'm in Lima, dear Abrán. I don't think I'll tell you in which neighborhood, at least not this time, let's not yet make a map with fixed points but a general walk.

][

15.04.23

I don't know if it's the fever that invades me, as I imagine —dear Luzma— the bell of the rubbish truck flooding my skull (over "SONidos de la Huasteca", the programme I listen to every morning on Radio Educación as I walk to my place of work, ten minutes from my house, and then back for lunch at 1:50 p.m.). ... this time an old huapango is played, recorded in 1935, in which the singer boasted, luxuriously and proudly, a falsetto that the announcer extols about three times, as he did it in more than two syllables in a row. It's the quartet Los Chinacos, with “El Viejo” Elpidio Ramírez on violin, Roque Castillo on quinta huapanguera, and Nicandro Castillo and Pedro Galindo on sextas guitars), and while his metallic tantán rings in my bony choya, I listen with my thigh to the vibration of the mobile phone in my left pocket, before the Chewbacca growl that announces the calls I'm receiving. In my backpack, which I almost always wear across my chest and back, my house keys are shaken out, along with those of my studio, in two different key rings, so I don’t get confused, along with many little pieces of paper, which attest to my daily activities: the bank receipt, the receipt from the pharmacy, the doctor's prescription, the shopping list, the invitation to an exhibition, flyers and other leaflets that I receive, hand to hand, from deliverymen in the street, and which will later be painted on the back according to a range of thirty-four colour tones. 

Hand in hand with the viral fervour that inhabits me, other sensory perceptions emphasize what I hear, like the sensation of my footsteps on the pavement, of the fried crunch of the quesadilla in the oil of the comal that burns on the stove, outside the supermarket surrounded by the needy, next to the empanada stand, in front of the stew taco stand, next to the bakery, next to the tacos and the fruit juices and cocktails, topped with huge goblets of aerosol whipped cream... a discreet hissssssssssssssssssssss announces a granola topping. The colours and smells of the people are also exacerbated. I answer the phone without seeing who is calling, and a well known voice, which I feel I heard the day before, perhaps it is again a feverish effect, when in fact it has been years, that says to me: “Abrán!” It is you, Luzma...

20.04.23

My dear Abrán, this place sounds very different in the morning and in the evening. I am at the back of the building, next to a glass wall through which the sun streams in between 6 and 8 am in the summer. The roof is half-covered and from there you can see what is behind. Inside, the red tabletop on which I write makes a clattering noise when I put my cup down, its legs are squeaking against the cement floor. The stiff, square, too-high, plastic-covered pillow that covers the seat of the chair blows as I settle in.

Sounds that I can't relate to any source come from outside. Something like plastic bags, or burning embers, or metal sheets shake in circular repetitions. In the background, a high-pitched sharp drill turns on and off again and again; it announces the start of labour hours for construction workers. Noises of plates and cutlery come out of a window like flying fish; closer is the voice of a baby, not screams or cries, it's a broken babble, a tickle. The horn of the 73 insists violently in 4 very long beeps, I assume it's caught in the traffic at the curve of the park. What comes back every now and then is that object rubbing in circles. It sounds organic, a hand is probably activating it, rubbing something. And a buzzing comes from far away, it contains and is at the base of everything: it's compact, like the letter M amplified, it's a tube, a tunnel turned outwards.

One of my sons wakes up, he doesn't know that I am here, at this table, writing to you and I hear him a few metres away playing his guitar. That strumming sound has at least two ways of being; one sounds directly outwards and is only attached to the strings, the other enters through the soundhole of the guitar and from there comes out again with a short delay, substantial, robust. The second envelops the first. The first mobilises the second. Blas stops. What he says does not come out, he says more words or perhaps croons between moans and murmurs stretched in a trance, which a person would say that were pleasant. He goes from strumming the strings with his fingers to tapping the guitar box and begins to sing in a questioning tone. He pulses the wood with more intense strokes, rides the distant tube-like buzzing, now he is freestyling.

"...but what is proper to the absence of the preeeeeseent?
and already, ...I decide to be naa... I decide to be naaa.... "

][

24.04.23

Dearest Luzma

Combined with the chac chac chac of the knife going in and out of the exact rail, the strumming of the adhesive tape and the cardboard from which plaster casts are unpacked with layers of wax encapsulating blackberries, tubes, cables, wires and copper coins, this is what it sounds:

Hugs,

ac

30.04.23

They drag the chairs. A plane blows its line in the sky. Black dog barks three times. "Victor Mendoza" comes out of a mobile phone. A truck's hopper jumps. A rubbish cart rolls rubber tyres. Behind the wall, laughter. A bell rings, then a whistle. A woman's voice from a loudspeaker. Applause. Wind through the leaves of the molle. Applause. A jump in slippers. I come walking down the street of Santa Rosa Parish School, dear Abrán, in this midday of a summer that never ends.

Cristina? Elvira? Rosita? Mercedes? Ana?
Girls... keep order... Joanna? Joaannaaa!...
You already know. You’re on trial this week...
... and next week...
Where is...? Joanna?
...Shhhhhhhhh...! ... The shield is missing. Diiaaaanaaaa!

Maestro, dele un poquito pal’ante.
It's going to come out now, just back up...

Maaari, your dad is arriving. Alexaaa...
Your dad is here.

Don't play on the track!
NAAAAAAHHHH HHHHHHIIIII...
Mister Diego!

Veeery good, number 1, number 2...
Be on time tomorrow. And bring more water.
AAAAAAIIIIIIIIIIIII YYYEEEEEAAAAA UNAAAAAA YAYAAAAAA...
Sí, la Vicky estudiosa es. I've been calling her for a while.
Attention Marcia!

Is the key there?
Herminia, is the key there?

Photocopy pages 12 to 29, black and white, what else?

Paco! Tomorrow here ah!
What a necessity... to put the photo of the authorities...

Do you understand?
You are leaving papers lying around.

And you, why do you have that polo shirt?

Don't cross without looking, Mari!

Minimum 3 Marcianos of 3 flavours, madam:
strawberry, lucuma and passion fruit.

][

03.05.23

Tinkling his triquitraque, grumbles his chaca chaca, coils the siren of the pipe of the fire-eaters. 

The little parrots chirp joyfully outside, and here we chew all day long the intolerable beeping of the Genie seesaw, helping us to change our perception of space, removing and putting, moving, shifting the spots, the washes and the flows.

Ruminating on my stress, I play again —without listening to the frequent complaints and criticisms of my manic recidivism— a playlist by Los Lobos, in which jarocha arps, vihuelas, the tejana and the rocanrolito of the fifties come together.

A bee buzzes in my ear, "la Fuerza Aerea", said Raúl, in the season when we emptied plaster, and when it was setting we crushed and squeezed fresh blackberries, and encapsulated chingaderitas in an extra layer of wax and melted paraffin, to the sound of the speeds demanded by each material, each object, and its dialogues, its sounds, its murmurs, like this one, dear Luzma...

03.05.23

Abrán de Ajusco, a place where water flourishes, you'll be swirling your wachuwuros in the space over there. Qui tapón pon pon pon. Here, I crack the shells of some eggs from free-range chickens with the yolk very yellowish to drip it into the onioned butter that is already crackling. I'll eat little and slowly. From there, pure packets squeezed into recyclable bags will be sipped from the rucksack and then we'll set off, in a few hours, for the snowy mountains. We will head north to turn burning rubber towards the Sierra. From Churín onwards there will only be jolts on the trail. Reaching 5,000 meters above sea level the ice melts and we will pass at least 7 glacial lakes: Rumbro, Punhuaycocha, Rupahuay, Chaucas, Chuspi, Gayco and Mallay. I will record the white stuff. The dripping too. 

I embrace you. All the best to you over there.

08.05.23

Ian Campbell sings "Poor old horse", a sailor's tune (is it about seahorses?), after "Na Ceannabháin Bhana", which I end up dancing to while the creaking of the parquet floor reminds me that I'm still a few kilos heavier than I should be, but I still long for the fizz of the beer cap coming off the bottle, before the thud it makes on the terrazzo floor, and not to mention the clinck of the toast...

While I am piling up my syllables with their spaces and silences, "Down is up" by Moondog, the Viking of 6th Avenue, is playing, and almost at once the DJ arrives to tell me, with gesticulations and sonorous outbursts, that he scored an own goal in his football class, and to read me his homework, in a French that I still find too Parisian, a thought that doesn't hide my real phonetic incapacity, and my primal ability to learn at this stage of life, and my incredible ability to unlearn.

An onomatopoeia, "Bam Bam", is the title of the syncopated melody of Sister Nancy, whose velvety voice again leads me to torture the crying floorboards of my house.

Finally, trying to hum the song at the beginning, I search for the lyrics by typing-my-keyboard as if it were that of the typewriter, with which I learned to "type", hitting it hard, percussing, more than anything else, to the rhythm of the song, which makes me laugh out loud, not only for its unvalued and cynical content, but for my stupidly clumsy and unfunny pronunciation, and for my lackadaisical abulia in not paying attention to the implied story :

"Poor Old Horse"
Ian Campbell

I say, "Old man, your horse is dead".
And we say so, And we know so.
I say, "Old man, your horse is dead”. O, poor old man.
One month a rotten live we’ve led
While you lay on y’er feather bed
But now the month is up, ol’ turk
get up, ye swine, and look for work
get up, ye swine, and look for graft
while we lays on an’ yanks ye aft
An’ yanks ye aft t’ th’ cabin door
and hopes we’ll never see ye more

Hoping sincerely to see you again someday, I leave you a hug,

ac

Roba estesa d'Abrán a la Civitella Ranieri. Maig 2007. Cortesia de Luz María Bedoya

29.03.23 

Les rodes del que podria ser un carretó corrent sobre la pista, 3 botzines curtetes lleugeres d'un forner de la tarda, diverses botzines llargues, greus, insistents arriben de més enfora; és el trànsit de les 6 pm. Un gelater s’està acostant, bufa la seva trompeta, les veus d’un home i el forner ara negocien el pagament del deute de la setmana. Lladra un gos, un skater revela les línies irregulars del corriol en un sol llarg que arriba poc a poc i tot d’una se’n va. Sí, hi ha ocells, però els seus trins s’entreveuran amb el rumor col·lectiu i es perdran en ell. Una sirena que podria ser o bé d’una ambulància o bé d’un cotxe de policia; si són extrems oposats, per què sonen de manera tan similar? Algú demana la seva bicicleta. Passa una moto, deu ser petita. Tanquen la porta principal de l’edifici, sempre resona alguna cosa. Arranca un cotxe, escalfa el motor una estone, deu estar sortint fum del tub d’escapament. Passa una altra moto, després un altre cotxe a certa velocitat. Em sembla que el contacte de les llantes sobre l'asfalt s'assembla al so del mar quan arriba a la riba, com una raspa estesa. Aparells de telèfon en alguns departaments propers han timbrat diverses vegades, tots diferents. Algú copeja una finestra com si fos una porta, la finestra vibra, el so de tocar una finestra com si fos una porta és inquietant, no sé per què, potser perquè aquest acte inclou també la mirada a través del vidre. Unes dones parlen, no entenc el que diuen i el que sigui que diguin arriba com a cants. Un altre cop van tancar la porta de l'edifici, sempre ressona. Una dona truca a Mònica, li diu Mònica, espera't. Un ciclista porta un parlant des d'on se sent una salsa, un manat de claus penjant del cos d'algú que camina i un xiulet agut sostingut que no aconsegueixo identificar. Estic a Lima, estimat Abrán. Crec que no et diré a quin barri, almenys no aquesta vegada, no fem encara un mapa amb punts fixos sinó un passeig general.

][

15.04.23

No sé si és la febre que m'envaeix, mentre imagino —estimada Luzma— que la campana del camió que recull les escombraries inunda el meu crani (per sobre de "SONs de la Huasteca", el programa que escolto cada matí a Radio Educación mentre estic de camí cap al meu lloc de feina, a deu minuts de casa meva, i després de tornada per anar a dinar a les 13:50... aquesta vegada es reprodueix un vell huapango, gravat el 1935, en què el cantant presumia, luxosament i orgullosament, d’un falset que el locutor exalça unes tres vegades, doncs ho feia en més de dues síl·labes seguides. Es tracta del quartet Los Chinaco, amb "El Vell" Elpidio Ramírez, al violí, Roque Castillo a la cinquena huapanguera, i Nicandro Castillo i Pedro Galindo a les guitarres sisenes), i mentre repica a la meva òssia choya el seu metàl·lic tam-tam, escolto amb la cuixa la vibració del telèfon mòbil que porto a la meva butxaca esquerra, abans que soni el grunyit de Chewbacca que anuncia les trucades que rebo. A la motxilla, que gairebé sempre porto creuada al pit i a l'esquena, es sacsegen les claus de casa meva, juntament amb les de l'estudi, en dos clauers diferents, per a no embullar-me, juntament amb molts paperets, que asseguren les meves activitats quotidianes: el tiquet del banc, el rebut de la farmàcia, la recepta del metge, la llista de les compres, la invitació per a una exposició, volants i altres pamflets que de mà en mà rebo de repartidors al carrer, i que després seran pintats per darrere d’acord a una gamma de trenta-quatre tons. 

De la mà del fervorós virus que m’habita, altres percepcions sensorials emfatitzen allò que escolto, com la sensació de la meva petjada sobre el banquet, del cruixir de fregir la quesadilla en l’oli del comal que crema sobre el fornet, fora del supermercat envoltat de necessitats, juntament a la paradeta d’empanades, davant de la dels tacos de guisat, al costat del forn, al costat dels tacos i els sucs i còctels de fruites, coronats amb enormes copets de crema batuda en aerosol... un hisssssssssssssssssssss discret anuncia un topping de granola. També s'exacerben els colors i les olors de les persones. Contesto el telèfon sense veure qui truca, i una veu ben coneguda, que tinc la sensació que vaig escoltar el dia anterior, potser sigui de nou un efecte febril, quan en realitat han passat anys, que em diu: "Abrán!".

Ets tu, Luzma...

20.04.23

Estimat Abrán, aquest lloc sona molt diferent al matí i a la tarda. Estic en la zona posterior de l'edifici, al costat d'un mur de vidre per on es cola, entre les 6 i les 8 am, el sol en l'estiu. El sostre és semidescobert i des d'aquí arriba el que hi ha darrere. Endins, el tauler vermell de la taula sobre la qual escric desprén un soroll sec quan poso la tassa, les seves potes grinyolen contra el pis de ciment. El coixí tes, quadrat, massa alt, folrat de plàstic que cobreix el seient de la cadira, bufa mentre m'acomodo.

Sons que no aconsegueixo relacionar amb cap font venen des de fora. Alguna cosa com a bosses plàstiques, o brases cremant-se, o làmines metàl·liques tremolen en repeticions circulars. Al fons, un trepant sostingut de manera molt aguda s'encén i s'apaga una vegada i una altra; anuncia que va començar l'horari de treball per als obrers de construcció. Sorolls de plats i coberts surten com a peixos voladors d'una finestra; més a prop està la veu d'un bebè, no són crits ni és plor, són balbotejos entretallats, pessigolles. El clàxon de la 73 insisteix amb violència en 4 xiulades molt llargues, assumeixo que està atrapat en el trànsit de la corba del parc. El que torna de tant en tant és aquell objecte que fricciona en cercles. S'escolta orgànic, és probable que una mà l'estigui activant, frega alguna cosa. I un brunzit arriba de molt lluny, conté i està en la base de tot: és compacte, com la lletra M amplificada, és un tub, un túnel voltejat cap a fora.

Un dels meus fills desperta, no sap que estic aquí, en aquesta taula, escrivint-te i l’escolto a uns metres tocar la seva guitarra. Aquest so esquinçat té almenys dues maneres de ser; un sona directament cap a fora i està només lligat a les cordes, l'altre ingressa per la boca de la guitarra i des d'allà torna a sortir amb un breu retard, recolzat, robust. El segon embolica al primer. El primer mobilitza al segon. Blas es deté. Diu no surt, diu més paraules o potser cantusseja entre gemecs i murmuris estirats en trànsit, que un diria plaents. Passa d'esquinçar les cordes amb els seus dits a colpejar la caixa de la guitarra i comença a cantar en to de pregunta. Prem la fusta amb cops ja més intensos, es munta sobre el brunzit llunyà amb forma de tub, ara està freestylejant.

"...però què és allò propi de l'absència del preseeeeent?
i ja, ...decideixo ser rees... decideixo ser reees..."

][

24.04.23

Molt estimada Luzma:

Combinat amb el txic txac de la navalla que surt i entra en el carril d'exacte, de l’esquinçament de la cinta adhesiva i del cartó del qual es desembala el guix buit amb capes i capes de cera que encapsula esbarzers, tubets, cables, filferros i monedes de coure, sona això:

Una abraçada,

ac

30.04.23

Arrosseguen les cadires. Un avió bufa la seva línia en el cel. Gos negre lladra tres vegades. "Víctor Mendoza" surt d'un telèfon cel·lular. Salta la tremuja d'una camioneta. Un carro d'escombraries roda les llandes d’hevea. Darrere del mur, riallades. Sona una campana, després un xiulet. Veu d'una dona des d'un altaveu. Aplaudiments. Vent entre les fulles del molle. Aplaudiments. Un salt en sabatilles. Vinc caminant pel carrer del Colegio Parroquial Santa Rosa, estimat Abrán, en aquest migdia d'un estiu que no acaba.

Cristina? Elvira? Rosita? Mercedes? Ana?
Al·lotes... manteniu l’ordre... Joana? Joaannaaa!...
Ja sabeu vosaltres. Estàs a prova aquesta setmana... 
... i la pròxima setmana...
On és...? Joanna?
... Xxxxssstttt...! Falta l’escut. Diaaaanaaaa!

Maestro, dele un poquito pal’ante.
Sortirà ja, retrocedeixi noméees...

Maaari, està arribant el teu pare. Alexaaa...
Ja ha vengut el teu pare. 

No jugui a la pista!
NAAAAAAHHHH HHHHHHIIIII...
Senyor Diego!

Mooolt bé, la número 1, la número 2...
Puntuals demà. I dugueu més aigua.
AAAAAAIIIIIIIIIIIII YYYEEEEEAAAAA UNAAAAAA IAIAAAAAA...

Sí, la Vicky estudiosa es. Fa una estona que l’estic cridant.

Atenció Marcia!

Està allà la clau?
Heminia, està allà la clau?

Fotocopiau de la pàgina 12 a la 29, blanc i negre, per a què més

Paco! Demà aquí eh!
Quina necessitat... posar la foto de les autoritats...

Ho heu entès?
Estàs deixant regats els papers.

I tú, per què tens aquest polo?

No creuis sense mirar, Mari!

Mínim 3 Marcianos de 3 sabors, senyora: 
maduixa, lúcuma i maracuià.

][

03.05.23

Tintinejant el seu triquitrac, rondina la seva jaca jaca, embobina la sirena de la pipa dels empassafocs. 

Trinen joioses les cotorres allà fora, i aquí ens masteguem tot el dia el xiulet intolerable de la Genie, que puja i baixa, ajudant-nos a canviar la nostra percepció de l’espai, traient i posant, movent, canviant de lloc els spots, els washes i els flows

Rumiant el meu estrés poso una altra vegada —sense escoltar les freqüents queixes i les crítiques a la meva maniàtica reincidència— una playlist de Los Lobos, en què s'arrejunten les arpes jarochas, les violes de mà, la texana i el rocanrol dels cinquanta.

Una abella em brunzeix a l'orella, "la Força Aèria", va dir Raúl, en l’època en què buidàvem guix, i quan ja s’estava eixugant, picàvem i espremíem mores fresques, i encapsulàvem chingaderitas en una capa extra de cera i parafina fosa, al so de les velocitats que demana cada material, cada objecte, i els seus diàlegs, els seus sons, els seus murmuris, com aquest, estimada Luzma...

03.05.23

Abrán de Ajusco, lloc on floreix l'aigua, estaràs arremolinant els teus wachuwuros a l'espai d'allà. Qui tapón pon pon pon. Aquí, jo trenco la closca d'uns ous de gallines lliures amb el rovell ben groguet per regalimar-lo a la mantega, plena de ceba, que ja està cruixint. Menjaré poc i a poc a poc. D'aquí pur paquet grinyolant en bosses reciclables seran xuclades per la motxilla i llavors partir, en unes hores, a la neu. Emprendrem rumb nord per girar cremant cautxú cap a la Serra. De Churín endavant només haurà sacsejat el caminet. Arribant a 5,000 metres sobre el nivell de la mar el gel es fon i passarem per almenys 7 llacunes glaceres: Rumbro, Punhuaycocha, Rupahuay, Chaucas, Chuspi, Gayco i Mallay. Registraré el blanc. El degoteig també.

T'abraço. El millor per a tu, per allà.

08.05.23

Ian Campbell canta “Poor old horse”, una tonada de mariners (serà sobre hipocamps?), després "Na Ceannabháin Bhana", que vaig acabar ballant mentre el cruixit del parquet em recorda que segueixo alguns quilos per sobre dels que hauria de fer, igualment ja anhelo el pssshhhhht de la xapa de la cervesa enlairant-se de l'ampolla, abans del paf que fa sobre el terra, i no cal dir del clinc del brindis de rigor...

Mentre amuntego les meves síl·labes amb els espais i els silencis corresponents, sona 'Down is up' de Moondog, el Viking de la 6a Avinguda, i gairebé a l'instant arriba el DJ a explicar-me amb gesticulacions i exabruptes sonors, que va ficar un autogol a la seva classe de futbol, i a llegir-me els deures, en un francès que segueixo trobant massa parisenc, pensament que ni tan sols, en el fons, amaga la meva autèntica incapacitat fonètica, i la meva primigènia capacitat d’aprendre a aquestes alçades de la vida, i la meva increïble habilitat per desaprendre.

Una onomatopeia, "Bam Bam", és el títol de la sincopada melodia de Sister Nancy, la veu vellutada de la qual, de nou em porta a torturar les ploraneres fustes del pis de casa meva.

Finalment, intentant cantussejar la cançó des del principi, busco la lletra teclejant-el-meu-teclat com si fos el de la màquina d'escriure, amb què vaig aprendre a "escriure a màquina", colpejant fort, percudint, més que una altra cosa, al ritme de la cançó, que em produeix una riallada sonora, no només pel seu contingut desbaratat i cínic, sinó per la meva pronunciació estúpidament maldestre i sense gràcia, i per la meva abúlia displicent en no posar atenció al relat implícit:

"Poor Old Horse"
Ian Campbell

I say, "Old man, your horse is dead".
And we say so, And we know so.
I say, "Old man, your horse is dead". O, poor old man.
One month a rotten live we’ve led
While you lay on y’er feather bed
But now the month is up, ol’ turk
get up, ye swine, and look for work
get up, ye swine, and look for graft
while we lays on an’ yanks ye aft
An’ yanks ye aft t’ th’ cabin door
and hopes we’ll never see ye more

Esperant sincerament veure't de nou algun dia, et deixo una abraçada,

ac